Desde el mirador del Visillo

Por Juan Gregorio Avilés

En la carretera que lleva de Lanjarón a Órgiva. Unos doscientos metros más allá, pasado el merendero ‘El Buñuelo’. Así fue la indicación de Fernando y Dori, nuestros anfitriones, para llegar al mirador del Visillo. Un mirador que -barranco por medio- muestra una esplendorosa imagen del pueblo natal de Gutiérrez Padial. Llegados al lugar para asistir a la inauguración de la inscripción en piedra que -desde allí- recuerda a este grande escritor. Un acto que tuvo lugar el pasado día 3. En una anterior entrada de este Blog me referí al acontecimiento y al lugar. Hoy, en un tono más periodístico o descriptivo, quisiera dejar algunas ideas o impresiones nacidas del momento aquel.

Gratísima impresión de la acogida por parte de las gentes de Lanjarón. Desde la gerente del céntrico hotel Miramar, quien tan espléndidamente se comportó, hasta las atenciones llenas de franqueza por parte de la corporación municipal. Amigos antiguos y nuevos. Gentes del lugar. Como un dilatado perfume de afecto que -la noche de ese día- nos acompañó en nuestro regreso.

El mirador del Visillo es un lugar de belleza muy singular. Quien lo visitó lo sabe. Acudimos al acto con una discreta antelación. Allí aguardaban ya Ana Gutiérrez, la hermana del poeta, acompañada por su hijo y por la atención ágil, jovial y desenvuelta de su mujer. Nos sentamos con ellos, para esperar. Al poco, la llegada de Rosaura Álvarez. Escritora y amiga antigua de don Juan. Poco más y Fernando -presidente de la Asociación Gutiérrez Padial- con Dori, su mujer. Después, más vecinos y personal; autoridades del municipio: gobierno y oposición. Un grupo cada vez más numeroso, a quien ofrecía refrigerio el mesonero del Buñuelo, hombre que -en modos y palabras- muestra una dignidad muy antigua y un poso lleno de señorío y discreción.

El acto de inauguración se inició a las siete de la tarde. Bajo un sol vigoroso, aunque ya decadente. Con una luz muy meridional. Varios usos de la palabra. Interpretación del Río Anónimo -bellísimo soneto de don Juan- en una reciente musicalización. Tuve la ocasión de manifestar la grata impresión que me causó la sede que el Ayuntamiento ha cedido para el uso de la Asociación Gutiérrez Padial. Esa Fragua de Marcelino que, por motivos diferentes, me parece un lugar apropiado a tal fin. Expresé asimismo la inquietud por el aprovechamiento del legado documental de don Juan: la conveniencia de que se ocupara de él un archivo histórico, una institución oficial.

El refrigerio, ofrecido por el Ayuntamiento en sus dependencias, fue una prolongación. Compartimos un vino español con nuevos y muy gratos amigos. Con una franqueza  decididamente cordial.

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