Juan Gutiérrez Padial

 

Por Juan Gregorio Avilés

Don Juan Gutiérrez Padial no era un esteta. Es éste uno de los elogios que mejor le cumplen. Lo conocí en la casa del capellán, que ocupaba en el granadino Hospital del Refugio. Aquel lugar casi de paraíso, entre huertos incultos por los que se llegaba a la casuca aquella, rodeada de celindas. Don Juan vivía entre sus libros, con muebles antiguos y objetos que revestían sus estancias con una belleza como de luminoso ungüento. Pero él no libaba la belleza. Como le gustaba decir, vivía a manos llenas. Por eso, para don Juan, la poesía –su poesía- nunca fue adorno añadido, ni tampoco complacencia estéril. Fue parte de la redención que, con lucidez, buscaba entre la pesadumbre de la vida consciente. En el carácter de don Juan, y tal vez fruto de ello, siempre se me destacaron una bondad recia e insobornable, y un inusual don de la claridad. Como quien se sabe autorizado para llamar, al pan, pan y al vino… también pan.

La poesía de don Juan, hoy, vive en la discreta atención de gustadores anónimos. Como todo lo que no nace para triunfar, sino para fecundar. He conocido que, con  discreción semejante, una asociación que lleva su nombre proyecta abrir un archivo-museo en Lanjarón, el pueblo alpujarreño en el que nació.

© Juan Gregorio Avilés

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: